Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o las pollas largas.
Así de contundente es el comienzo de esta segunda novela de David Trueba y a la cual me acerco con mucha expectación, ante todo creada por su primer libro y que me dejó un buen sabor de boca. Mi primer pensamiento al leer esta frase fue pensar: no estoy de acuerdo. Pero conforme seguía leyendo su punto de vista me iba dando cuenta que, en cierta manera, es cierto, la sobrevaloramos demasiado. Que una cosa es valorar, que se debe hacer como todas las cosas de esta vida, otra muy diferente es sobrevalorar, darle un valor desmedido, casi de acto heróico donde convertimos a nuestros amigos en los supermanes de nuestra vida.
Los seres humanos elevamos ciertos tópicos a las alturas para esquivar la poca importancia de nuestras vidas. De ahí que la amistad aparezca representada por pactos de sangre, lealtades eternas e incluso mitificada como una variante del amor más profundo que el vulgar afecto de las parejas.
Una vez más, las siguiente frases me hacen parar y reflexionar. Por un lado, me niego a estar de acuerdo. Pero lo cierto es que si miramos la esencia de lo que dice, sigue siendo cierto el planteamiento.
No debe de ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de amigos conservados.
Y aquí sí que no dudé, porque fui capaz de entender hacia dónde quería ir. Y tiene mucha razón. La lectura de este libro es como un caminar en nuestras vidas recordando a ese grupo de amigos con los cuales llegaste a hacer ciertas cosas, emprendiste una aventura, comenzaste un proyecto, viviste algo muy concreto, y que lo cierto es que si no hubiesen estado ellos nada hubiese sido igual.
Diría que mientras vas leyendo encuentras las aventuras y desventuras de cuatro amigos, donde hay momentos esperpénticos que te hacen reír, otros donde te hacen reflexionar, otros donde puedes vislumbrar que lo que estás leyendo es el final de una época, de una juventud donde la máxima es “juerga asegurada” y que comienza a desaparecer y en su lugar aparecen los compromisos, el crecimiento personal, las metas individuales de un grupo de amigos, la visión diferente de la vida de cada uno de ellos, sus propios intereses. Y en medio de todo esto, un amor real, vivo, no olvidado, pero que también sigue su curso por caminos diferentes, muy diferentes, porque en la vida, nada permanece para siempre y lo que hoy nos parece de una forma, termina al cabo de unos años por convertirse en una losa y sólo queremos huir y cambiar todo eso porque ahora nosotros también hemos cambiado, hemos evolucionado y ahora deseamos, buscamos, otras cosas que nos satisfagan, que nos hagan felices.