Cuatro amigos, David Trueba

Posted: 12 diciembre 2010 in Sin categoría

Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o las pollas largas.

Así de contundente es el comienzo de esta segunda novela de David Trueba y a la cual me acerco con mucha expectación, ante todo creada por su primer libro y que me dejó un buen sabor de boca. Mi primer pensamiento al leer esta frase fue pensar: no estoy de acuerdo. Pero conforme seguía leyendo su punto de vista me iba dando cuenta que, en cierta manera, es cierto, la sobrevaloramos demasiado. Que una cosa es valorar, que se debe hacer como todas las cosas de esta vida, otra muy diferente es sobrevalorar, darle un valor desmedido, casi de acto heróico donde convertimos a nuestros amigos en los supermanes de nuestra vida.

Los seres humanos elevamos ciertos tópicos a las alturas para esquivar la poca importancia de nuestras vidas. De ahí que la amistad aparezca representada por pactos de sangre, lealtades eternas e incluso mitificada como una variante del amor más profundo que el vulgar afecto de las parejas.

Una vez más, las siguiente frases me hacen parar y reflexionar. Por un lado, me niego a estar de acuerdo. Pero lo cierto es que si miramos la esencia de lo que dice, sigue siendo cierto el planteamiento.

No debe de ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de amigos conservados.

Y aquí sí que no dudé, porque fui capaz de entender hacia dónde quería ir. Y tiene mucha razón. La lectura de este libro es como un caminar en nuestras vidas recordando a ese grupo de amigos con los cuales llegaste a hacer ciertas cosas, emprendiste una aventura, comenzaste un proyecto, viviste algo muy concreto, y que lo cierto es que si no hubiesen estado ellos nada hubiese sido igual.

Diría que mientras vas leyendo encuentras las aventuras y desventuras de cuatro amigos, donde hay momentos esperpénticos que te hacen reír, otros donde te hacen reflexionar, otros donde puedes vislumbrar que lo que estás leyendo es el final de una época, de una juventud donde la máxima es “juerga asegurada” y que comienza a desaparecer y en su lugar aparecen los compromisos, el crecimiento personal, las metas individuales de un grupo de amigos, la visión diferente de la vida de cada uno de ellos, sus propios intereses. Y en medio de todo esto, un amor real, vivo, no olvidado, pero que también sigue su curso por caminos diferentes, muy diferentes, porque en la vida, nada permanece para siempre y lo que hoy nos parece de una forma, termina al cabo de unos años por convertirse en una losa y sólo queremos huir y cambiar todo eso porque ahora nosotros también hemos cambiado, hemos evolucionado y ahora deseamos, buscamos, otras cosas que nos satisfagan, que nos hagan felices.

Lo mejor de esta escritora es que siempre terminas con un buen sabor de boca al terminar cualquiera de sus libros. Claro que si alguien la conoció por Higiene del asesino, entonces es posible que le sorprende su serie de libros autobiográficos. No tiene que ver pero igualmente aprecias en cada uno de ellos el talento de esta mujer, y además, a mí me encanta poder ver la vida a través de otros ojos, ver culturas, hechos, sensaciones. Y eso lo consigue, la Nothomb lo consigue siempre. Por eso consigue que disfrute con cada relato.

Cuando comencé este nuevo libro pensé que iría hacia un lado, cosa que al final no fue así. La verdad es que describe de forma maravillosa lo despiedadas que podemos ser las personas cuando sabemos que otra persona está derritiéndose por nosotras y decides manipularla como marioneta a tu antojo, porque te hace gracia que alguien “te siga” pero tú no tienes los mismos sentimientos hacia ella. Divertido son los momentos donde la marioneta decide dejar de serlo, pero siempre esperando que la persona deseada tenga ojos para ella y para nadie más. Y todo visto desde la infancia, pero escrito desde la madurez. Fantástico. Y en medio de toda esta historia, descripciones y conclusiones maravillosa de la China de aquellos años, vista por una niña de cinco años. Maravilloso.

Por más que haya leído a Ho Chi Minh en versión original, que haya traducido a Marx al hitita clásico, que me haya entregado a un análisis estilístico de las epanalepsis del Libro Rojo… no he podido superar aquellas conclusiones de mis cinco años. Apenas acababa de pisar territorio rojo, ni siquiera había abandonado el aeropuerto, y ya había comprendido.

Aquella aserción era a la vez hermosa, simple, poética y algo decepcionante, como todas las grandes verdades… Aquí la tienen: “Un país comunista es un país en el que hay ventiladores”.

En Japón había aire acondicionado. No recordaba haber visto semejantes vegetales plastificados… El ventilador es al comunismo lo que el epíteto es a Homero… En 1985, en su película Papá está en viaje de negocios, Kusturica rodó una escena de interrogatorio comunista en la que intervenían tres personajes: el interrogador, el interrogado y un ventilador.

Hasta los catorce años, dividí a la humanidad en tres categorías: las mujeres, las niñas y los ridículos… Las mujeres eran personas indispensables… los ridículos no servían para nada… la élite de la humanidad eran las niñas.

Para mí es necesario leer en primer lugar su primera novela, antes de sumergirse en esta última. Es la forma de no perderse un detalle muy interesante, diría que hasta ahora, en mis años de lectura, no me había pasado antes con nadie. Fue empezar a leer esta novela y darme cuenta de algo, casi al instante: la evolución hacia la madurez como escritora, formándose conforme va creciendo y teniendo nuevas vivencias. No sé si soy capaz de explicarlo bien, pero lo cierto es que yo creo que eso se nota mucho si lees su primera novela y luego, en cuanto la terminas, comienzas a leer ésta. Desde los primeros párrafos noté eso, me percaté de ese crecimiento profesional (y, por qué no decirlo, personal que van unidos inevitablemente) y eso me hizo pensar que, con lo joven que es y todo lo que le queda por delante por escribir, estoy deseando ver cómo evolucionará en sus siguientes novelas.

Nunca me había pasado antes, quizás porque no soy consciente de haber leído a una escritora tan joven como ella y mucho menos de forma cronológica. Pero que me ocurriera con esta novela me ha encantado. Notar su evolución, ya de por sí, me fascinó. Luego me fui introduciendo en los personajes, en las dos protagonistas, y poco a poco fui dándome cuenta que muchas cosas que la protagonista principal, Carmen, va pensando, sintiendo… son cosas que yo misma he vivido, he pensado, vivido, sus alegrías, sus inseguridades, sus inquietudes, su tristeza. Ha sido una novela que me ha hecho mucho reflexionar, no sé, ver cosas a través de la vida de otra persona puede ser un buen ejercicio de reflexión, que en mi caso, he aprovechado y que tenía necesidad de hacer, la verdad.

En la dedicatoria que tengo en este libro, ella me puso: “Espero que la historia te llegue al corazón”. Y sí lo ha hecho, lo ha conseguido. Este año ha sido el libro que más me ha llegado al corazón, lo ha hecho de forma directa. Expectante estoy por leer su siguiente novela, que espero que no tarde la tira de tiempo en conseguir publicar.

No hay soledad en un mundo de onírico, todo es posible, por eso me acuesto con la esperanza de encontrar tus ojos, un día, entre la masa cristaliana sobre la que camino en cada uno de mis sueños.

Una vez más, todo ha sido un sueño. Ahora sí hay soledad, existo sólo yo contra el mundo, mi mundo… Una gran sensación de desazón me inunda y comprendo que me he perdido en el desierto de los anhelos, hundida en el océano de decepciones sobre el que mi cama navega cada noche, porque no soy capaz de afrontar el devenir de mis días sin ti.

Me incorporo sobre la cama con pesadez. Tengo la mandíbula dolorida, como todas las mañanas, porque recordar mi existencia me provoca la rabia necesaria para despertarme desencajada por la tensión.

Una pequeña lágrima resbala desde mi ojo izquierdo y se desvía hacia la nariz. La vida no es un regalo cuando nos pesa como plomo en el estómago…

Una vez más te vuelves a sumergir en su vida, en sus vivencias, en sus sensaciones, en sus inquietudes, sus decisiones, sus indecisiones. Una vez más, vuelves a ver un mundo, una nación, una cultura a través de cada paso que ella da, cada observación que ella tiene, cada sensación que le produce. Sí, es una visión parcial, subjetiva, pero no deja de ser una visión clara y definida. Y quizás por eso me encanta, terminas apasionándote con cada lectura, con cada uno de sus recuerdos. Como toda una vida es marcada por decisiones, personas, situaciones, por la manera que nos han educado, y por la forma que decidimos vivir nuestra vida… todo eso son factores que marcan una vida y, terminan, convirtiéndonos en lo que somos.

Me encanta ir leyendo sus libros y comprobar que, como cualquier persona, también en ese movimiento va estableciéndose su forma de pensar, de ver la vida, de sentir, de amar, de no amar, de entender las cosas, de vivirlas de una forma concreta y no de otra. Y eso hace que muchas veces compartes su forma de pensar, y otras no, pero igualmente es muy interesante… siempre aprendes algo, siempre sacas un detalle a añadir en tu vida, en tu forma de pensar, de ver las cosas. Tener una visión amplia de la vida es lo más sabio que uno puede hacer. Y libros así también aportan eso a tu vida.

Lo que sentía por aquel muchacho no se correspondía con ninguna palabra del francés moderno, pero en japonés el término adecuado era koi. En francés clásico, koi puede traducirse por gusto. Sentía gusto por él. Era mi koibito, aquel con el que compartía el koi: su compañía era de mi gusto…

Entre esas dos palabras, koi y ai, no existe variación de intensidad pero sí una incompatibilidad esencial. ¿Acaso puede uno enamorarse de alguien por quien siente gusto? Impensable. Uno se enamora de aquellos a los que no soporta, de aquellos que representan un peligro insostenible.

Meses atrás quería leer sus tres obras y, al fin, el deseo se juntó con el estar en el lugar indicado, en el momento indicado y llevando dinero, cosa importante, claro está. Y tal y como soy yo, he comenzado con su primera novela: primero, porque es la primera (valga la redundancia) y segundo, porque me la recomendaron muchísimo.

El libro es una sucesión de hechos caóticos, disparatados, surrealistas (¿o quizás no tanto, no?). El hecho es que comienzas la obra pensando en qué mundo te estás introduciendo, y si realmente lo que te parece a ti es lo que es: una familia donde el compendio de locura está a niveles máximos en cada página (vamos, que no entran más excentricidades ni locuras en cada página). Lo cierto es que terminas desternillándote de risa de los momentos tan surrealistas que esta familia provoca y vive (o realistas, según se mire, lo que es surrealista es que todo eso pase en una sola casa). El tema es que su lectura termina apasionándote y llevándote al deseo de conocer más y más a esta excéntrica familia, por llamarlo de algún modo.

Muchos párrafos son magníficos en su descripción, ironía, humor, y terminas desternillándote de risa porque mientras lees te imaginas esa escena:

“Cualquiera que viera al abuelo Abelardo desayunar, como cada mañana en la cafetería Manila de la Gran Vía, hablando y gesticulando solo, pensaría que acusaba la más desoladora demencia senil. Y puede que fuera cierto. Él sostenía que desayunaba en compañía de Dios y -mejor parecer un loco que habla solo que ignorar al Altísimo si está a tu lado-. Con Él entablaba las más banales conversaciones. Siempre a solas porque, según el abuelo, Dios detestaba las masas, aunque le gustara el fútbol y fuera hincha del Atlético de Madrid, ya desde los tiempos en que se denominaba Atlético Aviación: “Ni en mis aficiones me gusta abandonar al desgraciado”.

Hacía tiempo que había oído hablar de esta joven escritora. Tenía ganas, muchas ganas de leer sus novelas. Y llegó la ocasión magnífica: ni más ni menos que en una presentación de su último libro donde ella misma te ofrecía sus novelas y te las firmaba con mucho gusto.

Comencé leyendo ésta, su primera novela. Pensando en la edad que tenía cuando la escribió y lo bien que está en líneas generales, hay que decir que estamos ante una promesa cumplida de escritora,  joven promesa ya no es, ya está cumplida.

La historia transcurre entre el presente y el pasado y te va llevando de forma muy rápida a ir dándote cuenta que cada personaje está muy bien definido, marcado, y ante todo, de forma muy realista. En realidad mientras lees es muy posible que pienses en personas concretas que tú conoces y que bien podrían ser alguno de esos personajes. La ciudad llamada Reata, cerca de la gran ciudad, puede ser cualquier ciudad de cualquier parte del mundo. Una ciudad llena de pautas establecidas impresas y sin imprimir, donde cualquier cosa que se salga de la norma establecida es un ataque a la sociedad, y en concreto, a ciertas formas de pensamiento.

“Me ha pedido que no me olvidase de ellos, ignoraba que era imposible cerrar esa compuerta. Él no ha dejado tantas cosas como nosotras y por lo tanto le ha resultado fácil ir olvidando nuestros rostros. Pero para nosotras, que hemos cortado con todo nos resulta muy difícil olvidar para siempre, mejor dicho, nos resultaría imposible, como ya ha quedado demostrado. Esta vez me dirijo hacia la estación con una sensación totalmente diferente a la que sentí diez años atrás, cuando huí precipitamente de mi hogar.”

Una huida que les lleva a ser felices lejos de los suyos, pero que como todo en la vida, termina esa huida en un momento dado. El ciclo se cierra. Comienza otro ciclo de vida.

Adentrarte en esta ciudad ficticia te hace pensar que es muy real. Demasiados detalles te hacen recordar a una sociedad en cualquier ciudad en cualquier país de cualquier continente. Angosta se llama, pero podríamos ponerle un nombre más real y sería una perfecta obra sociológica. Por lo menos, a mí me dio esa impresión.

Describe la ciudad de una forma maravillosa: tres niveles (Tierra Fría, Tierra Templada, Tierra Caliente), tres castas económicas de personas (los Dones, los Segundones, los Tercerones) y tres climas, donde Siete Sabios, que toman decisiones en un mundo donde la violencia, el terror y la exclusión son pautas de vida, tienen tal poder que determinan quién puede vivir y quién tiene que morir. La lucha por la supervivencia sale a relucir en toda la obra; sea de forma pasiva o activa. Los millones de Tercerones frente a cientos de miles de Segundones ante los escasos Dones.

Los fundadores de la ciudad eran españoles… Entre sus descendientes, mestizos y mulatos como todos, aunque con pretensiones de hidalgos, por lo ricos… la costumbre les concedió el título de dones y se mudaron a vivir a Tierra Fría… Los dones, a estas alturas del tiempo, no constituyen una raza, ni su nombre es un verdadero título de alcurnia, sino que es la forma tradicional como en Angosta se refieren a los ricos. No es un criterio étnico porque entre los dones hay blancos, mestizos, mulatos y unos cuantos negros. Como dijo uno de los historiadores de Angosta, aquí todos somos café con leche; algunos con más café y otros con más leche, pero los ingredientes son siempre los mismos. Hay blancos, negros, indios, mulatos y mestizos en todos los sectores de Angosta, entre los dones, los segundos y los tercerones. La única clasificación certera que se pudiera hacer consiste en que la mayoría de los tercerones viven en Tierra Caliente (y sus pobladores, por blancos que sean, se les considera negros o indios), la mayoría de los segundones viven en Tierra Templada (y nunca son blancos ni indios ni negros de verdad) y la mayoría de los dones en Tierra Fría (y por negros, indios o mestizos que sean, siempres se llaman y se consideran a sí mismos blancos y juzgan negros e indios a todos los demás).